Una bodega fundada en 1898, justo cuando España perdía sus últimas colonias en coincidencia con los brotes de filoxera en España. Tal vez, hacía falta vino para olvidar, un vino al que sin duda ha acompañado la calidad y ha respetado la tradición, no en vano, mantener un negocio abierto 112 años y en el que han participado 4 generaciones de la misma familia solo se consigue cuando hay ideas claras y prima la calidad. Una familia emprendedora, basta con saber que su bodega fue la primera después de siglos en establecerse en Colmenar de Oreja, pionera en elaborar vinos de calidad y a la que otras familias y empresas han seguido hasta convertir a Colmenar de Oreja en uno de los centros de elaboración de vino más importantes de la zona sur de Madrid y de la Denominación de Origen, Vinos de Madrid.

Tinajas de barro en las que todavía se elabora vino.

Tinajas de barro en las que todavía se elabora vino.

Cuando anoto la dirección para visitar la bodega, ya tengo una pista, está situado en la Calle del Convento. Desde el exterior, es una  bodega al uso, ubicada en zona urbana, una bodega práctica, que permite trabajar y que conserva parte de sus orígenes de final del siglo XIX, la estructura inicial a base de madera y tinajas de barro en las que todavía se elaboran y conservan los vinos antes de su embotellado. Unas tinajas de barro que durante mucho tiempo se fabricaron en los hornos de Colmenar de Oreja, famosos como sus canteras.

Viñedos viejos de la zona.

Viñedos viejos de la zona.

En ésta tierra nacen las uvas culpables de los excelentes vinos que se elaboran en la bodega, al igual que la tierra donde se ubican las Canteras de las que en su día salió piedra para construir el Palacio Real de Madrid o la mismísima fuente de Cibeles. Podríamos encontrar similitud entre esa piedra que debidamente tallada se convierte en monumento y esas uvas cultivadas en la misma tierra, que trabajadas con respeto y con conocimiento, se terminan convirtiendo en grandes vinos.

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Volviendo a la bodega y su singularidad, al nombre de la calle en la que está ubicada, no podemos más que atar cabos y descubrir que la bodega está levantada sobre parte de un antiguo convento Franciscano del siglo XV del que se conservan sus cuevas, cuevas pequeñas a distintos niveles donde reposan con el objetivo de mejorar los vinos dedicados a la crianza en las más de 200 barricas de roble de origen francés y americano que posee la familia, barricas que en ningún caso superan los 5 años, algo que garantiza la calidad final de los vinos que elaboran bajo sus marcas Jesús Díaz y Heredad Torresano (entre otras). Marcas que trabajan bajo la supervisión y exigencias que regula la norma de producción de la D.O. Vinos de Madrid.

Sin duda, una bodega singular y con encanto que merece la pena visitar, por un lado para conocer la historia que encierran las paredes y cuevas de ésta bodega y por otro lado, sin duda más lúdico y divertido, para conocer unos vinos bien elaborados que expresan lo mejor de la tierra de la que proceden.

LA CATA DE: EL ROSADO DE JESUS DIAZ 2009: 89.46 puntos en www.ecatas.com por Joaquín Parra.

jd rosadoEn vista es un vino espectacular, precioso color frambuesa, muy vivo con ribete violáceo. Limpio y brillante.

En nariz es fresco y viene cargado de frutos rojos y chucherías. Aromas típicos de los mejores rosados. Un rosado de libro en cuanto a vista y aromas. Abunda la fresa  la frambuesa unido a un amplio abanico de dulces: Fresas, moras, regaliz rojo…

En boca es fresco con buena acidez de entrada potente que se va suavizando poco a poco. Tiene buen paso por boca y es potente en su conjunto. De trago fácil que invita a seguir consumiendo. Acompaña tanto a un momento informal de barra con los amigos como a una buena mariscada o platos cargados de sabor a base de pescado, marisco y arroces.

El retrogusto es de intensidad media, y vuelve a recordar los aromas de nariz.

ROSADO DE JESUS DIAZ - CATA

 

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