Bodegas Más que Vinos está ubicada en Cabañas de Yepes, en plena mesa de Ocaña (Toledo). Un proyecto formado por tres enólogos que irrumpe en el año 1999 con una apuesta innovadora en su momento en Castilla-La Mancha basada en la utilización de variedades autóctonas para elaborar vinos premium como La Plazuela, primer vino de la región en superar la barrera de los 90 puntos Parker. La experiencia de May, Gonzalo y Alexandra en elaboración en zonas como Ribera del Duero y Rioja se aplica en su proyecto de Toledo convencidos de que por clima y viñedos (viejos) se podía dar un giro y cambiar la perspectiva que se daba a los vinos de la tierra.

Gonzalo es natural de Dosbarrios donde se conserva la bodega familiar datada en 1851, tradición e historia no le falta, el arrojo y la visión de futuro la pone el junto a sus dos alter ego para convertir a MÁS QUE VINOS en una de las bodegas más importantes de la región.

 

Volviendo a la historia reciente de Más Que Vinos… ¿En qué nivel os consideráis responsables de que se haya evitado la pérdida del viñedo en general y del viñedo viejo en particular en la comarca de la mesa de Ocaña?  

GR. Nuestra bodega está en una comarca histórica muy importante por la cercanía a la capital, también es un punto estratégico por ser zona de paso entre el norte y el sur. Mas que vinos ha sabido ver y valorar (pagando un precio justo) la uva de esos viñedos viejos y con ello, hemos evitado el arranque o abandono de algunos.

Precisamente la cercanía a la capital ha hecho que no haya relevo generacional y el que conserve la tierra prefiera otros cultivos en los que la mano de obra sea mínima. Otro problema ha estado en el pago (subvención) por el abandono del viñedo. Todo esto hizo que se perdiera mucha viña vieja bien por abandono o por reconversión. En MQV llegamos a tiempo para conservar muchas parcelas de estos viñedos históricos.

Buscamos las viñas viejas de Cencibel y otras variedades autóctonas que había en la zona como la garnacha y la malvar. Algunas se han comprado y otras arrendado con el objetivo de hacer un seguimiento y asegurar la calidad. También los viñedos que hemos ido plantando han sido con estas variedades y clones. En un contexto de cambio climático hemos entendido que este viñedo es el más sostenible porque es más resistente y se adapta mejor a los cambios del clima.

 

MQV fue la primera en subir de los 90 puntos Parker y ha llegado a los 95 abriendo la puerta de otros vinos y enólogos que trabajaban en la región para críticos como Robert Parker. ¿Qué ha supuesto las valoraciones en el entorno nacional e internacional?

GR. Nos sentimos privilegiados pero esto es cosa de un trabajo diario e inconformista. No entendemos otra forma de elaborar vinos que no sea con una mejora constante. El viñedo va ganando en edad y nosotros en experiencia. Esto nos impide tener techo y así lo ratifican las valoraciones de los principales críticos.

En 1999 nos establecemos en la región en un contexto se subvención de nuevas plantaciones de variedades foráneas (como se decía entonces, mejorantes). Nuestro trabajo en otras regiones nos hizo ver que esta filosofía era errónea porque se olvidaban del terruño, del origen y se unían a una indeseable globalización en los vinos. Evitamos entrar en esa política centrándonos en el origen, en el terruño y en nuestras variedades históricas como la Cencibel (tempranillo), Garnacha, Malvar y Airén.

Esa decisión empresarial nos abrió un mercado de exportación vital para la supervivencia de MQV y a precios muy superiores de lo que se estaba vendiendo en la región. Obviamente, nuestra experiencia enológica en Ribera del Duero y en Rioja nos ayudaba a tener una perspectiva diferente, a ir al mercado sin complejos sabiendo que nuestros vinos estaban al nivel de otras regiones.

Con respecto a las puntuaciones, no siempre coincide la respuesta del mercado con la de los críticos, pero en nuestro caso si se dio esa coincidencia obteniendo altas puntuaciones de Parker, Proensa, Peñín o en elmundovino.com, quien el año pasado destaco La Plazuela 2011 como uno de los 8 mejores vinos tintos de España. Esta marca, La Plazuela se convirtió en el año 2004 en el primer vino tinto la mitad sur de la península con puntuaciones extraordinarias. En aquellos momentos Jumilla todavía estaba por despertar y otras zonas ni se les esperaba. Hoy sigue siendo un vino icónico y de referencia en Castilla-La Mancha.

Más Que Vinos, como empresa de servicios de enología, ha sido partícipe del crecimiento de regiones tan prestigiosas como Ribera del Duero y habéis formado parte de la revolución del vino en La Rioja. ¿Qué os llevó a decidir crear la bodega en Toledo?

GR. Mi procedencia es pajarera, soy de Dosbarrios (Toledo). Me crie en estos campos y mi primera elaboración fue en Alcázar de San Juan, en el antiguo Savin, en los inicios del control de la temperatura en las fermentaciones, año 1984.

En el año 85 pasé a Ribera del Duero, éramos 7 bodegas que etiquetábamos, allí nos conocimos May (Margarita Madrigal) y yo.  Esta bodega tenía otra en La Rioja, en San Vicente de la Sonsierra, pueblo en el que viví 5 años empapándome del mundo del vino tinto. En la década de los 90 nos implicamos como asesores en distintas bodegas en las que trabajábamos, que participaron con sus marcas en lo que se llamó `vinos de alta expresión` que cambiaron La Rioja, de ahí surge la relación con la tercera socia que forma Más Que Vinos, que es Alexandra Schmedes.

 

Hablando ya de nuestra región, ¿Cómo ven los mercados externos las variedades autóctonas como la Malvar, Airén, o vuestra propuesta para la Garnacha y la Tempranillo?

GR. Desde el primer momento aceptamos el reto de reinterpretar nuestra historia, creando vinos frescos, fáciles de beber pero sin perder el carácter varietal y del terruño.

La globalización ha permitido que encontremos variedades en cualquier parte del mundo con resultados más o menos interesantes, pero nosotros buscamos la diferenciación.

De nuestras variedades, la Tempranillo (Cencibel) lógicamente es la más global, pero en esta zona la encontramos un carácter especial. Con las otras, Garnacha, Malvar y Airén, hay que esforzarse más para venderlas, pero el que busca algo distinto, tiene en nosotros una referencia.

Por otra parte, nuestra región no tiene la imagen que debiera, se la relaciona con vinos de granel y de bajo precio, por lo tanto hay que seguir luchando mucho para que pequeñas bodegas como la nuestra, que tenemos vinos excepcionales, sean consideradas. Realmente nos mantiene el espíritu de Don Quijote ya que muchos enfoques en esta región se van hacia las grandes cooperativas, necesarias pero que no ayudan a generar marca e imagen de calidad. Ya hay bastantes bodegas que trabajan con calidad y defienden la marca, pero necesitamos que sean más y que se trabaje una correcta comunicación.

 

Lleváis tiempo trabajando el enoturismo en MQV, ¿qué podéis contarnos de esta experiencia?

GR. La tendencia del mercado del ocio se ha abierto al enoturismo, bienvenida sea. Nosotros nos estamos esforzando en hacernos un hueco.

La marca nos ayuda a atraer enoturistas y al mismo tiempo, el enoturismo nos ayuda a hacer marca desde la propia bodega con un mensaje directo, la mejor forma de comunicar con sinceridad y en primera persona el espíritu de la bodega. Por eso se requiere de buenos profesionales para atender a los visitantes, tenemos la suerte de contar con un gran equipo.

 

 

Con respecto al futuro, ¿Qué perspectivas tenéis para MQV?

GR. Aunque el futuro en general es complicado para las pequeñas bodegas, nosotros estamos muy centrados en afianzarnos en los mercados internacionales e intentar aumentar las ventas en el nacional, aunque en España nuestros vinos están desde el inicio en restaurantes de alta consideración y tiendas especializadas, lo que hace más duro el trabajo de introducción.

Para MQV es parte fundamental el respecto al entorno y a la viticultura sostenible, lo llevamos haciendo desde el primer día. Obviamente hay preocupaciones como el cambio climático, aunque la altitud a la que tenemos nuestro viñedo de momento nos está librando, hay que estar muy atentos a un futuro próximo. Nuestras viñas van a envejecer, cuando las plantamos no las regamos con la finalidad de que profundizaran y pudieran aguantar mejor este clima tan extremo que se intuye que va a llegar. Otro problema importante que algunos no quieren ver es el de la plaga de conejos que llevamos sufriendo durante más de una década y que literalmente se están comiendo las cepas. Es un daño que sufrimos nosotros y miles de viticultores por lo que pedimos ayuda a la administración regional que es quien tiene las competencias.

 

Por último, ¿Cómo valora el mercado internacional los vinos de Castilla-La Mancha?

GR. En Castilla–La Mancha lo que más prevalece es el mercado del vino embotellado económico y es un gran problema, porque los compradores no consideran que en esta región haya bodegas de nuestras características donde los vinos son de una gama superior, donde la viticultura es ecológica, la vendimia se realiza a mano, la selección de uva es muy exhaustiva… procesos que sí o sí te llevan a la excelencia en el vino.

La cuestión es cómo se transmite, para esto es necesario vender en parte por las puntuaciones y porque esperamos que el catador profesional y comprador de las operadoras de ventas internacionales, así como los somelieres responsables de los restaurantes, diferencien nuestra calidad y lo puedan comunicar a sus clientes.  Es muy difícil que un consumidor en cualquier parte de España o del mundo tenga como primera opción pedir un vino de Castilla– La Mancha (lógicamente los de Castilla- La Mancha si lo hacen, ¡a veces!), por eso es muy importante que los vinos sean sinceros y que la trayectoria de la bodega hable por sí sola.

Margarita (May) Madrigal, Gonzalo Rodríguez y Alexandra Schmedes

Entrevista realizada por Joaquí Parra Wine Up! a Gonzalo Rodríguez. Publicada en la revista Alimentos de Castilla La Mancha nº diciembre 2019.

 

 

Deja un comentario